"Los acuíferos son grandes embalses subterráneos que pueden salvar el Mediterráneo"
Jaime Gómez Hernández, catedrático de Ingeniería Hidráulica de la UPV, lleva más de cuatro décadas modelizando el agua invisible que sustenta la vida bajo nuestros pies.
Hay investigadores que recuerdan con precisión el momento exacto en que eligieron su vocación. Jaime Gómez Hernández es uno de ellos. Catedrático de Ingeniería Hidráulica en el Instituto de Ingeniería del Agua y Medio Ambiente de la Escuela de Caminos Canales y Puertos de la Universitat Politècnica de València, llegó a la Politécnica en 1977 y desde 1981 trabaja en lo mismo: entender qué ocurre con el agua bajo tierra. Aquella tarde en el aula, viendo unas ecuaciones diferenciales y un pequeño programa Fortran en la pantalla de su mentor, supo que quería dedicar su vida a eso. Décadas después, con la crisis climática convirtiendo el Mediterráneo en una olla a presión, su trabajo resulta más urgente que nunca.
Su labor ha sido reconocida con algunos de los galardones más prestigiosos de su campo a escala internacional: la Medalla William Christian Krumbein de la International Association for Mathematical Geosciences (2020), el Prince Sultan bin Abdulaziz International Prize for Water (2020), el premio EWRI Pioneers in Groundwater de la American Society of Civil Engineers (2022) siendo el primer español en recibirlo, el Tunisia Water Award Ibn Shabbat Award (2026) y la Medalla InterPore a la Trayectoria Profesional (2026), el mayor reconocimiento internacional en investigación sobre medios porosos. En 2021, Forbes lo incluyó en su lista de los cincuenta españoles más premiados.
En esta entrevista, el profesor Gómez Hernández explica por qué las aguas subterráneas son una solución infrautilizada, qué papel tiene la incertidumbre en la ciencia del agua, cómo la geoestadística ha transformado la hidrogeología y qué le espera al Mediterráneo si no actuamos.
En breve podrás acceder a la entrevista completa en nuestro canal de Youtube.
Después de una trayectoria tan amplia dedicada al estudio del agua, ¿qué sigue motivándole a investigar en este ámbito?
Cuando me hacen esta pregunta me recuerdo el día que decidí dedicarme a investigar en hidrogeología, que lo recuerdo perfectamente. Estaba enclase con Andrés Sauquillo, que fue mi mentor -falleció hace un par de años-, profesor de esta escuela prácticamente desde su fundación. Presentó las ecuaciones diferenciales para resolver el problema del movimiento del agua en el subsuelo y un programita de Fortran que habían utilizado en un congreso en Madrid, trayendo a sus autores desde Estados Unidos. Cuando vi aquello dije: eso quiero hacerlo yo. Me fui a casa, tenía un pequeño Spectrum, programé aquel programita, y desde entonces he estado trabajando en aguas subterráneas. A mí lo que siempre me ha apasionado ha sido la parte más teórica: entender los fenómenos que ocurren bajo tierra, formularlos matemáticamente y encontrar una solución numérica mediante ordenadores.
Desde esos inicios hasta hoy, ¿cómo ha cambiado la computación en su trabajo?
Ha cambiado muchísimo. Cuando acabé la carrera empecé a trabajar en Eptisa, aquí en Valencia, y en aquel momento hacían modelos de acuíferos en un ordenador que tenían en Madrid: enviaban la información por correo postal y esperaban a que volviera el resultado. Llegué yo con mi Spectrum y les dije: eso lo podemos hacer aquí. Para ellos fue un salto tremendo, de esperar semanas a tener los resultados prácticamente en el día. Y yo lo resolví con un pequeño ordenador.
Ahora tenemos recursos mucho más potentes que nos permiten atacar el problema con más precisión, teniendo en cuenta variables que entonces no podíamos incluir, a una escala que antes era imposible. Y también podemos hacer algo que entonces tampoco hacíamos: analizar la incertidumbre de nuestras predicciones. El subsuelo solo lo conocemos de forma puntual -unas pocas perforaciones, unos pocos pozos y parte lo tenemos que imaginar. Eso significa que cuando doy una respuesta sobre lo que ocurre donde no he observado, tengo que acompañarla de un margen de incertidumbre.
En su campo de trabajo se centra en buena medida en el agua que no vemos.¿Por qué son tan importantes las aguas subterráneas para la sociedad?
Las aguas subterráneas, al contrario de la creencia popular, no son ríos que pasan por debajo y que un zahorí es capaz de identificar con mucha suerte. Son realmente grandes embalses. Como los que vemos de agua superficial, pero mientras que los superficiales están limitados a una pequeña superficie, los acuíferos son kilómetros cuadrados de embalse bajo el suelo. Eso hace que, hoy por hoy, las aguas subterráneas puedan ser la solución -o al menos un elemento que mitigue el impacto- de la subida de temperaturas y la reducción de precipitaciones. Son grandes embalses que se pueden utilizar, por ejemplo, para almacenar el agua que se pierde al mar en invierno y recuperarla en verano.
Concretamente, en la Comunitat Valenciana son ubicuos. Para un zahorí es prácticamente imposible decir que aquí hay agua y fallar, porque tenemos acuíferos prácticamente en todo el terreno. Muchos kilómetros cuadrados, muchos metros de espesor, aunque la porosidad sea pequeña, son muchos kilómetros cúbicos de agua almacenada en el subsuelo.
Para quienes no somos especialistas, ¿por qué resulta tan difícil conocer bien el comportamiento de un acuífero?
El problema es quenunca llegamos a excavar el acuífero para verificar que no nos hemos equivocado. Cuando me fui a Estados Unidos a hacer la tesis doctoral, trabajé en un departamento de minería, donde también hay que conocer el subsuelo. Pero ellos sí pueden verificar sus predicciones: dicen "aquí hay tanto mineral", excavan y comprueban si acertaron. Esas técnicas, que estudié en Stanford, pensé que podríamos utilizarlas para caracterizar nuestros acuíferos. Y así fue, nos han servido para mejorar el conocimiento de las propiedades que controlan el movimiento del agua. Pero nuestro conocimiento real siempre será muy limitado: solo donde se haya hecho una perforación.
Hoy, con técnicas geofísicas, podemos hacer aproximaciones desde la superficie sin entrar al subsuelo, pero son medidas indirectas con su propia incertidumbre. El problema fundamental es que tenemos un conocimiento muy limitado de lo que ocurre bajo tierra.
La incertidumbre aparece con frecuencia en sus investigaciones. ¿Por qué es tan importante reconocerla?
Al final, el gestor -que es quien nos contrata, quien quiere saber qué pasa si pone unos pozos aquí o si extrae agua para abastecer una ciudad- tiene que acostumbrarse a recibir una respuesta exactamente igual a la que nos dan los meteorólogos. Los meteorólogos nos dicen siempre: hay una previsión de lluvia con un 20%, con un 30%. ¿Por qué? Porque tienen modelos que predicen, pero saben que no son predicciones exactas. A nosotros nos pasa lo mismo. Podemos construir modelos muy precisos en cuanto a la mecánica y la resolución de ecuaciones, pero hay parámetros que no conocemos con exactitud. Las respuestas que damos sobre qué cantidad de agua hay en el acuífero o qué variación de niveles podemos esperar siempre deben ir acompañadas de una franja de incertidumbre.
¿Qué aporta la geoestadística a la ingeniería del agua?
La geoestadística es precisamente el tema de mi tesis doctoral. Empezó en minería: es estadística aplicada a la geología y a los recursos naturales, y se usaba inicialmente para mejorar la predicción de la ley de los metales en una mina. Vieron que funcionaba muy bien y empezó a aplicarse en otros campos. Los primeros en darse cuenta, porque les iba el dinero de por medio, fueron los ingenieros petroleros: si construían modelos que incluían la heterogeneidad del medio para predecir cuánto petróleo había en un yacimiento, obtenían resultados y rendimientos muchomejores. Eso ha pasado a la caracterización de acuíferos, pero también a campos como la caracterización de campos de lluvia, cultivos o variaciones de propiedades del suelo. Cualquier fenómeno natural con variabilidad espacial -y que tiene una génesis que la explica- se beneficia de la geoestadística. Añade mucho valor y mejora la forma en que podemos entender qué pasa en el subsuelo.
En un contexto de sequía y cambio climático, ¿cuáles son los principales retos del agua en el Mediterráneo?
El agua en el Mediterráneo es una especie de olla a presión ahora mismo porque los efectos del cambio climático están siendo reconocidos aquí con una cierta amplificación. La parte sur del Mediterráneo, si el cambio climático sigue como está previsto, va a sufrir duramente el aumento de temperatura y la disminución de precipitaciones. A eso se añade la presión turística en zonas costeras y una presión agrícola que a veces pide agua para cultivos que quizá demandan demasiada para la zona donde se producen. Pienso en los pistachos en California: el valle central es un gran productor mundial, pero el pistacho requiere muchísima agua y además se exporta, con lo cual el agua gastada ni siquiera se usa en el país donde se ha producido. Hay una serie de presiones que el cambio climático va a amplificar, y ya se observa que el Mediterráneo está teniendo un impacto por encima de lo que prevén algunos modelos globales.
¿Estamos a tiempo de tomar medidas?
Sí, estamos a tiempo, quizá no para revertir la situación -va a ser difícil si no imposible hacer bajar la temperatura-, pero sí para intentar estabilizarla. Lo que estamos viendo ahora mismo en el clima es un reflejo de esa variación de energía: el Mediterráneo está más caliente, se evapora más agua, se producen tormentas más potentes. La dana que vivimos se salía de las tablas de previsión, en parte porque esas tablas se hicieron con unas condiciones climáticas que ahora están cambiando. Igual hay que revisar todo ese corpus de estudio sobre cómo funciona el clima.
¿Qué papel puede desempeñar la ingeniería civil en la protección de los acuíferos?
En principio somos en parte los responsables de hacer los estudios hidrogeológicos. Los acuíferos reciben menos atención que el agua superficial porque son menos vistosos: no hay grandes obras de ingeniería civil alrededor de ellos. Lo que hacemos es entender qué ocurre, perforar pozos para extraer o inyectar agua, y dar pautas sobre dotaciones de riego o bombeos para abastecimiento urbano. Pero lo más vistoso que podría hacerse está relacionado con la recarga artificial: utilizar los acuíferos para almacenar agua que de otro modo se perdería al mar. Se han hecho obras importantes para ello, balsas permeables sobre los acuíferos que permiten que el agua se infiltre y recuperarla después. Un ejemplo aquí en la Comunitat es el Belcaire: un río intermitente que solo lleva agua cuando llueve de forma torrencial, y donde se construyó una balsa de recogida justo antes de llegar al Mediterráneo para aprovechar esa agua que antes solo producía inundaciones.
Tu trabajo combina Ingeniería, Matemáticas, Geología, Estadística e Informática. ¿Los futuros ingenieros necesitarán perfiles cada vez más interdisciplinares?
Sí, la interdisciplinaridad es clave hoy en día prácticamente en cualquier proyecto que intente abordar un problema del calado del que hablamos. Las agencias que financian investigación cada vez dejan más claro que no van a financiar proyectos donde esa multidisciplinaridad no se vea. Acabamos de terminar un proyecto donde había un grupo centrado en ciencias sociales junto con los ingenieros, porque al final es importante saber cómo va a reaccionar el afectado: los agricultores, las confederaciones hidrográficas, los municipios que usan los acuíferos para abastecerse. El proyecto ha utilizado los llamados Living Labs (laboratorios vivientes), donde se pone en la misma mesa a los usuarios finales, los científicosy los que van a desarrollar el proyecto, para que los objetivos satisfagan no solo los intereses investigadores sino también al usuario final. Ha sido muy interesante.
¿Qué mensaje trasladaría al alumnado que quiere orientarsu carrera hacia la investigación en agua o sostenibilidad ambiental?
La sostenibilidad ambiental es importantísima. Estamos en un mundo cambiante desde el punto de vista climático y tenemos que intentar dejarle a las generaciones futuras el mundo en el mejor estado posible. En la última reunión del proyecto que mencioné hubo una presentación sobre un concepto que no había oído: la séptima generación. Se está hablando de que tenemos que trabajar pensando no en nuestros hijos o nuestros nietos, sino en la séptima generación, mucho más allá. Tenemos que ser conscientes de que lo que hacemos aquí va a afectar a muchas generaciones venideras.
Al estudiante interesado en investigación, por supuesto que lo animo. Que se ponga en contacto con cualquiera de los muchos departamentos e institutos de la escuela que hacen investigación puntera en multitud de campos -no solo en aguas, sino en estructuras, en puertos- e intente orientarse en esa dirección. Le aseguro que es una carrera muy satisfactoria, muy fructífera.
¿Hay algún reto que no pueda responder hoy pero que la próxima generación sí podrá abordar?
No tengo una pregunta concreta, pero sí sé que la inteligencia artificial va a suponer una disrupción total en todos los campos, entre ellos en hidrogeología. Más que plantear un reto, lo que animo es a que nadie se deje de lado el tema de la inteligencia artificial y, desde ya, entienda cómo puede ayudarle a resolver su problema.
¿Qué significa haber desarrollado buena parte de esta trayectoria desde la Escuela de Caminos de la UPV?
Llegué aquí en el 77. Todavía no existían estos edificios actuales, estábamos en lo que sería el "poli viejo". Estuve hasta el 83 haciendo la carrera, luego me fui unos años, pero acabé volviendo. Recuerdo el día en que decidí dedicarme a la investigación y, cuando volví, continué trabajando con Andrés Sauquillo durante muchos años. Ha sido un reto constante. Cada día te enfrentas aun problema diferente, vas resolviendo un reto tras otro, pensando en ideas nuevas para los estudiantes de doctorado para que puedan hacer aportaciones novedosas. Pero es el levantarse todos los días sabiendo que hay un reto que superar, y cuando ese se cumple aparece el siguiente.
¿Y cuáles son sus próximos retos?
La semana pasada cerramos un proyecto y ese mismo día nos confirmaron que nos acaban de conceder un proyecto europeo de seis millones de euros, del cual la Politécnica recibirá 440.000. Se llama Integrator, porque va a reunir a biólogos, ingenieros, científicos sociales y analistas de sistemas con el objetivo de hacer una gestión de las aguas subterráneas integrando absolutamente todos los conceptos: el usuario, los ecosistemas, los servicios que dan los ecosistemas, el clima, la variación climática. Hemos elegido siete sitios de estudio, uno de ellos aquí en la Albufera. El reto es ponernos a trabajar en este nuevo proyecto.
A lo largo de su carrera ha acumulado reconocimientos internacionales de enorme prestigio. ¿Qué supone para usted ese reconocimiento?
El ser reconocido por tus pares, y más a nivel internacional, es una gran satisfacción, es un orgullo, no puedo decirlo de otra manera. Yo siempre me he considerado un matemático; eso es lo que me ha movido. Así que la primera medalla que me dieron fue la Medalla William Christian Krumbein, que me la dio la Asociación Internacional de Geología Matemática -matemáticas aplicadas a la geología-. Y además esa medalla la había recibido antes mi director de tesis, con lo cual el significado era doble.Luego vino el Prince Sultan bin Abdulaziz International Prize for Water, que es una especie de Príncipe de Asturias en el mundo de la hidrogeología, un reconocimiento concedido por la comunidad internacional que trabaja en aguas subterráneas. Y al año siguiente el premio EWRI Pioneers in Groundwater de la American Society of Civil Engineers, siendo el primer español en recibirlo.
Tengo reconocimiento de los matemáticos, de los hidrogeólogos y de los ingenieros civiles, que son los tres mundos en los que me he movido desde el principio. Así que, sí, muy contento. Los premios más recientes -la Medalla InterPore a la Trayectoria Profesional o el Tunisia Water Award Ibn Shabbat Award de este año- ya son a la trayectoria. Lo que quiero decir es que cada vez estoy más cerca del final de mi carrera profesional. Pero mientras tanto, hay un proyecto europeo esperando.